domingo, 6 de abril de 2014

Cocaina y Opio fueron medicinas legales

    Medicinas legales que matan
         por Andrea Kalcker:

Yo nací en Alemania, en una ciudad llamada Wuppertal Elberfeld. Y en esta ciudad nació también, mucho antes que yo, una de las grandes multinacionales de la química de hoy en día, la sobradamente conocida empresa Bayer. Curiosamente, siendo niño, visitamos con el colegio el Museo de la Farmacéutica y pudimos ver varios frascos antiguos en los que se guardaban sustancias como la heroína, la morfina o la cocaína, unas drogas que hoy están totalmente prohibidas, pero que entonces eran legales y que, además, en el momento de su descubrimiento fueron consideradas remedios milagrosos. Estas se podían adquirir sin receta en la farmacia. Incluso estaban especialmente indicadas para tranquilizar a los niños. Funcionaban estupendamente, (ya lo creo que funcionaban), pues al suministrar heroína a un bebé lo hacían callar rápidamente. Aunque puede que fuera precisamente esa la razón de sus llantos, una vez que se recuperaba del sueño forzado.
Y había recomendaciones aún más sorprendentes sobre el uso de algunos productos como Paregoric, de la empresa Stickney and Poor‘s que, con nada menos que el 46% de alcohol más opio, estaba especialmente indicado para recién nacidos. La dosis recomendada para un bebé de cinco días era de tres gotas; para un bebé de dos semanas, ocho gotas; para un niño de cinco años, 25 gotas...

Y para adultos, una cucharada entera. Con productos como este, ¡era imposible no calmar a alguien!
La cocaína era también de uso habitual, y la multinacional farmacéutica C.F. Boehringer de Mannheim, en Alemania, se sentía orgullosa en su posición de líder mundial en la fabricación de dicha sustancia, tal y como se puede leer en el cartel promocional donde se denominaban a sí mismos „Los mayores fabricantes de quinina y cocaína del mundo“.
No debemos olvidar, tampoco, los numerosos vinos con cocaína que estaban de moda en aquellos tiempos. Hasta el mismísimo papa León XIII premió a su creador, Angelo Mariani, con una medalla de oro por el mérito que representaba su invención. Asi mismo, era muy conocido en aquella época el vino Maltine, fabricado en Nueva York, en cuya etiqueta se aconsejaba tomar una copa llena, inmediatamente después de cada comida, con administración proporcional a los niños. Y otro de los muchos vinos de cocaína que circulaban en aquella época por el mercado era el Metcalf, respecto al cual se afirmaba que tenía efectos medicinales, así como un inestimable valor recreativo para sus consumidores. Y el Vapor-OL, por su parte, consistía en una mezcla de alcohol con opio, que se consideraba adecuada para tratar el asma y las afecciones espasmódicas del pulmón.
Muy populares, igualmente, fueron las tabletas de cocaína, que se promocionaron alrededor del año 1900. Estas tabletas de cocaína eran, según sus fabricantes, indispensables para los cantantes, profesores, y otros profesionales con intenso uso de la voz, ya que aliviaban el dolor de garganta. Se afirmaba, también, que subían el ánimo y eran estimulantes, y que aseguraba a estos profesionales la máxima eficacia en el uso y abuso de las cuerdas vocales. También se suministraba la cocaína en forma de gotas para aliviar el dolor de muelas, prometiendo una mejora instantánea, sobre todo en los niños. Y no solo garantizaban el alivio del dolor, sino que afirmaban, además, que eran capaces de mejorar el humor de estos pobres sufridores. Y eso podía ser verdad durante un tiempo al menos, ya que curar, no curaban en modo alguno. Incluso, hoy en día, cuando visitamos al dentista, nos inyectan una forma descafeinada de cocaína, la lidocaína, para poder trabajar en nuestras muelas sin que suframos.
Y si pensamos que hemos avanzado muchísimo y que, en la actualidad, no se utilizan medicamentos tan dañinos como hace 100 años, estamos muy equivocados. Hemos de ser conscientes de que cualquier medicamento eficaz, ya proceda de la naturaleza, ya de la botica química, en la mayoría de las ocasiones tiene dos caras: efectos favorables y desfavorables. Por un lado, se encuentra el efecto deseado, que consiste en la curación o mejoría del mal en cuestión, y por otro se encuentran los denominados efectos secundarios, contrarios o no deseados. Cualquier cambio que se provoque en el organismo a causa de la ingestión (o administración por cualquier otro medio) de una determinada sustancia, afecta al cuerpo en su conjunto y no solo al órgano al que va dirigida. Es la famosa ley del equilibrio de la naturaleza: todo tiende a la compensación, a pesar de que, a través de la publicidad y los medios de comunicación, en muchas ocasiones se trata de divulgar todo lo
contrario. La cuestión está en determinar la relación entre la intensidad de los efectos positivos y la tolerancia o mayor o menor inocuidad de los negativos.
Uno de los tóxicos más dañinos que conocemos se está utilizando a diario por medio de inyecciones. En algunos casos como tratamiento médico, pero en otros muchos, sobre todo en el mundo de la farándula y los famosos, como tratamiento estético. Se trata de la bacteria Clostridium botulinum, el Botox®, que muchas personas se inyectan voluntariamente (y la mayoría de las veces conociendo bien sus negativos efectos secundarios) para paralizar músculos faciales y hacer desaparecer arrugas de expresión no deseadas. A pesar de que, de paso, también borran neuronas.
¿Se trataría usted con dinamita? Parece absurdo, verdad. Es curioso, pero muchísima gente con problemas cardíacos lleva siempre consigo un espray de nitroglicerina que no es otra cosa que nitroglicerina para desatascar las arterias de manera radical.
Otro veneno muy utilizado como tratamiento médico es el mismo que empleamos para matar las ratas. Se trata de la warfarina, conocida en España comercialmente como Sintrom®, Macoman® en Alemania, y con otras varias denominaciones según el país. Son los conocidos diluyentes de la sangre, aunque realmente no diluyen nada, simplemente modifican de manera drástica el tiempo de coagulación de la misma, evitando la creación de trombos en sangre de forma chapucera. ¿Y por qué decimos esto? Porque a largo plazo, y este medicamento se ha de tomar de por vida, puede provocar una lesión arterial y, en los casos más graves, la muerte.
El tóxico más utilizado en todo el mundo es el etanol, sustancia que daña todas las células de nuestro cuerpo de manera contundente, y que también se conoce como alcohol. Es, además, el tóxico con mayor implicación social en el planeta, a excepción del mundo árabe. La cantidad de muertes y desastres familiares causados por esta toxina no está reflejada en ninguna estadística, porque si lo estuviera, las autoridades se verían obligadas a prohibir el consumo de todas las bebidas alcohólicas. Pero, una vez más, los intereses de la industria están muy por encima de la salud de los ciudadanos.
Y hablaremos de otras sustancias tóxicas objeto de intensísima prescripción médica. Se trata de los famosos antibióticos. ¿Qué significa „antibiótico“? Es una palabra de origen griego que significa „contra la vida“, y representa un importante tóxico hepático y renal. Muchos de ellos son mortales si se suministran a determinadas dosis, como por ejemplo la arsfenamina, letal a dosis de 500 mg.
Y por último, en el mundo de los psicofármacos, uno de los ingredientes tóxicos estrella lo encontramos en prácticamente todos los dentífricos: el flúor. Se trata de un producto tóxico residual de la industria metalúrgica. Se utiliza en más de sesenta psicofármacos conocidos como ingrediente principal. Por ejemplo, en la fabricación de diazepam, flunitrazepam, Rohypnol®, stelazina, trifluorperazina, etc.
Y ante semejante panorama, resultan muy difíciles de entender las voces de alarma que a través de algunas páginas web de Internet, u otros medios de comunicación masiva controlados por los lobbies de las farmacéuticas, pretenden asustar a eventuales consumidores de MMS con mensajes que alertan sobre los peligrosos efectos secundarios derivados de su utilización, sin que, en ningún momento, se ofrezca la más mínima prueba científica, ni caso documentado que lo corrobore.
Sí hay, por el contrario, numerosos testimonios reales, debidamente documentados, relativos a su enorme eficacia en la mejoría o curación de multitud de enfermedades, y a la inocuidad de sus efectos secundarios. Los lobbies incurren en una enorme responsabilidad cuando intentan impedir que muchas personas, desahuciadas por la medicina oficial, intenten salvar sus vidas usando este producto. Están lesionando gravemente el derecho fundamental de todo ser humano a la lucha por la supervivencia. Y condenan, además, a otros muchos que sufren enfermedades gravemente incapacitantes o dolorosas, a renunciar a la posibilidad de curarlas o mejorarlas. Y todo por defender sus intereses económicos. Y por si no os convence lo que estoy diciendo, os voy a hacer la siguiente pregunta: si partimos de numerosos casos documentados de curación o mejoría de enfermedades con la utilización del MMS, ¿por qué el Estado o las empresas farmacéuticas no financian una investigación o ensayo clínico en el que se verifique la eficacia del MMS en el tratamiento de enfermedades, así como la inocuidad de sus efectos secundarios? ¿Es que el enorme sufrimiento de quienes padecen enfermedades mortales, consideradas incurables por la medicina oficial, no es motivación suficiente? Cualquiera puede tomarse unas gotas de MMS sin temer nada en absoluto por su vida, y a cambio obtendrá el inmenso regalo de una esperanza de curación.
La industria farmacéutica solo promoverá y financiará la investigación de aquellas sustancias que, en el caso de que sean autorizadas por la Administración, puedan constituir objeto de patente para conseguir unos beneficios astronómicos una vez obtenida la exclusiva en su comercialización. La posición de exclusividad alcanzada con la obtención de la patente les conferirá la libertad de establecer el precio de venta en el mercado, sin que dicho precio guarde relación alguna con el coste de producción del medicamento. El MMS no puede patentarse: cualquier persona lo puede hacer en su propia casa.
Lo que sí podemos afirmar con rotundidad es que el Estado, que se proclama en la Constitución como Social, tiene la obligación moral y legal de promover y financiar la práctica de ensayos clínicos para verificar la eficacia de cualquier sustancia respecto a la cual existan indicios serios de que pueda curar o mejorar enfermedades, y más en el caso de aquellas que están progresando de un modo alarmante, como el cáncer. El artículo 43 de la Constitución de 1978 reconoce el derecho a la protección de la salud y consagra la obligación de los poderes públicos de tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y prestación de los servicios necesarios.
Y como empecé este capítulo haciendo alusión a la empresa multinacional farmacéutica Bayer, ubicada en la ciudad donde nací, voy a cerrarlo haciendo referencia a un producto patentado por la misma, que se vende en todo el mundo. Hasta en los rincones más apartados de la selva se puede encontrar a algún vendedor ambulante que lo comercializa: se trata de la famosa Aspirina®. La Aspirina® es ácido acetilsalicílico, ácido que proviene del sauce blanco y es eficaz en el tratamiento de múltiples dolencias, desde un simple dolor de cabeza hasta graves problemas coronarios. Sin embargo, no debemos olvidar que este mismo producto es causa directa, cada año, de 3000 muertos por hemorragia gastrointestinal.

Beneficios derivados de la venta de fármacos
El ácido acetilsalicílico (Aspirina®) 500 mg Caja de 20 tabletas = 10 gramos El coste por tonelada es de 3000 € Producción por cada 10 gramos: 0,03 céntimos 10.000% de beneficio.

Claritin® 10 mg Precio de venta al consumidor por 100 tabletas: 215,17 $ Coste de los ingredientes activos: 0,71 $ Beneficio: 30.306%.

Norvasec® 10 mg Precio de venta al consumidor por 100 tabletas: 188,29 $ El coste de los ingredientes activos: 0,14 $ Beneficio: 134.493%.

Prozac® 20 mg Precio de venta al consumidor por 100 tabletas: 247,47 $ Coste de los materiales: 0,11 $ Beneficio: 224.973%.

Xanax® 1 mg Precio de venta al consumidor por 100 tabletas: 136,79 $ El coste de los materiales: 0,024 $ Beneficio: 569.958%.

Por cada dólar de coste de producción
¡ganan más de 5.699,58 dólares!

Entre todos los lobbies, el farmacéutico es el más poderoso. No necesita comprar voluntades políticas, ya que compra países enteros. Ahora ya sabe por qué luchan, por todos los medios, contra la medicina alternativa y remedios naturales.